Julián extendió la mano y, con infinita delicadeza, apartó un mechón de cabello mojado de la mejilla de Elena. Su tacto seguía siendo el mismo refugio de antaño.
La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de la vieja casona en las afueras de Madrid. El sonido era un eco constante, casi rítmico, que compasaba los latidos de un corazón cansado. Elena sostenía entre sus manos una taza de café ya frío, con la mirada perdida en las sombras que proyectaba la chimenea. En su regazo descansaba un viejo cuaderno de tapas de cuero desgastado, el guardián de sus memorias más profundas, aquellas que dolían pero que se negaban a morir. Amarte fue la razon - Jenny Del.epub
Hacía exactamente diez años que Julián se había marchado, dejando tras de sí un vacío que el tiempo, obstinado en su curso, no había logrado llenar. No fue una despedida con gritos ni reproches; fue el silencio de una decisión inevitable el que fracturó sus mundos. Él tenía un destino trazado por el deber y la distancia; ella, un arraigo ciego a la tierra que la vio nacer y a las promesas que no podía romper. Julián extendió la mano y, con infinita delicadeza,
—He vuelto —dijo Julián finalmente. Su voz era más grave, madurada por los inviernos lejos de casa—. Me tomó una década entender que el único lugar al que pertenezco es donde estés tú. El sonido era un eco constante, casi rítmico,
Ninguno de los dos habló durante unos segundos que parecieron eternos. El mundo exterior desapareció; solo existían ellos dos y el rastro del tiempo grabado en sus rostros.